Valancy Stirling
Valancy Stirling En ocasiones, durante la tarde, cuando Cissy tenía fuerzas suficientes, las dos muchachas se adentraban en los páramos para contemplar las flores silvestres. Pero nunca las recogían. Valancy le había leído a Cissy un pasaje de su Evangelio según John Foster: Es una lástima recoger las flores del campo. Pierden la mitad de su embrujo lejos de la tierra y el titileo. El mejor modo de disfrutarlas es seguirles la pista hasta sus escondites más secretos, regocijarse ante su visión, y partir echando atrás una última mirada, llevando en nuestro interior el recuerdo de su seductora gracia y el hechizo de su fragancia.
Valancy se encontraba sumida en el centro de una realidad tras una vida llena de irrealidades. Y ocupada… muy ocupada. Debía limpiar la casa; no en vano Valancy se había criado en los hábitos de limpieza y pulcritud de los Stirling. Si antaño encontraba satisfacción en la limpieza de sucias habitaciones, consiguió ser muy feliz en su nueva casa. Abel el Aullador consideraba una tontería que se molestara en hacer mucho más de lo que se le pedía, pero no interfirió. Estaba muy satisfecho con su parte del trato. Valancy era buena cocinera. Abel decía que sabía darle sabor a los platos, y el único defecto que le reprochaba era que no cantara mientras trabajaba.
—Las personas deberían cantar siempre mientras trabajan —insistía—. Parecen más felices.