Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy aún podÃa oÃr sus tristes gemidos mientras se dormÃa tranquilamente. En la mayorÃa de las ocasiones, Abel era un buen tipo, pero en ocasiones se enojaba. En una ocasión, Valancy le preguntó frÃamente.
—¿Qué utilidad tienen para usted los ataques de ira?
—Suponen un d… d… desahogo —dijo Abel.
Ambos se echaron a reÃr.
—Eres una buena chica —dijo Abel con admiración—. Excusa mi mal francés[24]. No quiere decir nada. Solo es la costumbre. Me gusta que una mujer no tenga miedo de hablarme. Cis ha sido siempre tan suave como un cordero… Demasiado suave. Ese fue el motivo por el que su vida se fue a la deriva. Me gustas asÃ.
—De todos modos —dijo Valancy con determinación—, no hay razón alguna para mandar todo al infierno como siempre hace. Y no voy a permitir que me llene de barro el suelo que acabo de fregar. Debe utilizar el raspador, lo envÃe al diablo o no.