Valancy Stirling
Valancy Stirling Cissy adoraba el orden y la limpieza. La joven habÃa intentado mantener la casa limpia hasta que sus fuerzas la abandonaron. Ahora estaba lastimosamente feliz de tener a Valancy a su lado. Aquellas largas y solitarias jornadas junto a sus largas noches sin compañÃa alguna —a excepción de las horribles viejas que trabajaban en la casa— habÃan sido terribles. Cissy habÃa temido y odiado por igual a esas mujeres, y ahora se aferraba a Valancy como una niña.
No habÃa ninguna duda de que Cissy se estaba muriendo. No obstante, nunca habÃa parecido alarmantemente enferma. No tosÃa demasiado y la mayor parte del tiempo podÃa levantarse y vestirse —en ocasiones incluso para trabajar en el jardÃn o los campos durante una o dos horas—. En las semanas que siguieron a la llegada de Valancy parecÃa tan recuperada que esta llegó a pensar que podÃa curarse. Pero Cissy lo negaba.
—No, es imposible mi curación. Mis pulmones ya no dan más de sÃ… Y lo cierto es no quiero curarme tampoco. Estoy tan cansada, Valancy. Solo al morir podré descansar. Pero es maravilloso tenerte a mi lado… Nunca sabrás lo mucho que significa para mÃ. De todos modos, Valancy, trabajas demasiado. No es en absoluto necesario que trabajes tan duro. Padre solo necesita que alguien le prepare las comidas; y yo no creo que tú seas demasiado fuerte tampoco. En ocasiones palideces… Y esas gotas que tomas… ¿Estás bien, querida?