Valancy Stirling
Valancy Stirling Los páramos, donde decenas de conejitos brincaban, se extendÃan hasta el horizonte bajo el esplendor de la luna blanca. Barney, cuando era su deseo, podÃa sentarse a la orilla de los eriales y atraer con astucia a estos conejillos por alguna especie de brujerÃa secreta que poseÃa. En una ocasión, Valancy habÃa visto saltar a una ardilla desde la rama de un pino hasta el hombro del joven y quedarse allà charloteando. Le recordó a John Foster.
Uno de los grandes placeres de Valancy en su nueva vida era poder leer los libros de John Foster tan a menudo como querÃa y siempre que lo deseaba. Se los leyó todos a Cissy, a quien le encantaban, y trató de leérselos también a Abel y a Barney, pero no eran de su agrado. Abel se aburrÃa y Barney rehusó cortésmente escuchar una sola lÃnea.
—TonterÃas —habÃa dicho el joven.