Valancy Stirling
Valancy Stirling «Me gusta un hombre cuyos ojos dicen más que sus labios», pensó Valancy.
De hecho, a ella le gustaba todo de él: su pelo leonado, sus enigmáticas sonrisas, los pequeños destellos de alegría de sus ojos, su leal afecto por la inefable Lady Jane, su costumbre de sentarse con las manos en los bolsillos y la barbilla hundida en el pecho, observándolo todo bajo esas cejas tan dispares. Le gustaba su agradable voz, que sonaba como si pudiera convertirse en cariñosa o seductora con muy poca provocación. A menudo casi temía permitirse tales pensamientos. Eran tan vívidos que sentía como si los demás pudieran percibir lo que estaba pensando.
—He estado observando a un pájaro carpintero todo el día —dijo una tarde en el viejo y destartalado porche trasero.
Su relato de las aventuras del pájaro carpintero resultó muy placentero. A menudo contaba alguna anécdota divertida o maliciosa sobre los animales del bosque. Otras veces, él y Abel el Aullador fumaban sin descanso toda la tarde sin decir una palabra, mientras Cissy descansaba en una hamaca mecida entre los postes de la veranda y Valancy permanecía ociosamente sentada en los escalones, con las manos entrelazadas sobre las rodillas, preguntándose distraídamente si era realmente Valancy Stirling y si solo hacía tres semanas desde que había salido de la vieja y fea casa de Elm Street.