Valancy Stirling
Valancy Stirling Barney ni siquiera necesitaba saberlo —aunque no le hubiera molestado en absoluto que lo supiera—. Ella lo sabÃa y eso suponÃa una gran diferencia. ¡Amar! Ella no pedÃa ser amada a cambio. Era ya para ella un gran placer estar sentada junto a él en silencio, a solas en aquella noche estival iluminada por el blanco esplendor del claro de luna, con el viento soplando sobre ellos al borde del bosque de pinos. Ella siempre habÃa envidiado al viento. Tan libre. Soplando cuando lo deseaba. Por entre las colinas y sobre los lagos. ¡Qué perfume! ¡Qué melodÃa! ¡Qué mágica aventura! Valancy sentÃa como si hubiera intercambiado su alma gastada por una nueva, recién fraguada en el taller de los dioses. La vida le habÃa parecido hasta ahora aburrida, monótona e insÃpida. Pero habÃa llegado a una pequeña alfombra de violetas —púrpuras y fragantes— presta a ofrecérsele. No importaba quién era o qué habÃa sido Barney en el pasado —no importaba quién o qué pudiera ser en el futuro—; nadie más podrÃa gozar de aquella hora perfecta. Y la joven se entregó por entero al encanto del momento.
—¿Alguna vez ha soñado que viaja en globo? —preguntó Barney.
—No —respondió Valancy.