Valancy Stirling
Valancy Stirling Cuando el cortejo fúnebre abandonó la casa, la señora Frederick halló a Valancy en la cocina.
—Hija mÃa —dijo trémulamente—, ¿vendrás ahora a casa?
—Casa —repitió Valancy con tono ausente. Se estaba poniendo un delantal y calculando cuánto té debÃa preparar para la cena. AsistirÃan muchos invitados de los arrabales… parientes lejanos de los Gay que no se habÃan acordado de ellos durante años. Y se encontraba tan cansada que deseó poder tomar prestadas un par de patas de gacela.
—SÃ, a casa —dijo la señora Frederick, con cierta aspereza—. Supongo que no fantasearás con permanecer aquà ahora… a solas con Abel el Aullador.
—Oh, no, no voy quedarme aquà —replicó Valancy—. Claro está, me quedaré un dÃa o dos para poner algo de orden en la casa. Pero eso será todo. Espero que me disculpe, madre, pero tengo muchas cosas que hacer… toda esa gente de los arrabales estará aquà a la hora de la cena.
La señora Frederick se retiró considerablemente aliviada, y los Stirling se marcharon a casa sintiendo más livianos sus corazones.
—Cuando regrese la trataremos como si nada hubiese ocurrido —decretó el tÃo Benjamin—. Ese será el mejor plan. Simplemente como si nada hubiese ocurrido.