Valancy Stirling
Valancy Stirling Lo que hubiesen pensado los Stirling y Edward Beck de haber sabido lo que se ocultaba en lo más profundo de la mente de Valancy debe ser dejado a la imaginación. Valancy odiaba el funeral… odiaba a las personas que acudÃan a contemplar con curiosidad el rostro pálido como el mármol de Cecily… odiaba la petulancia… odiaba los cánticos melancólicos y aburridos… odiaba los prudentes tópicos del señor Bradly. De haber podido hacer las cosas a su absurda manera, no se hubiese celebrado ningún funeral en absoluto. HabrÃa cubierto a Cissy con flores, la hubiese protegido de ojos entrometidos, y la hubiese enterrado junto a su pequeño bebé sin nombre en el terreno del camposanto cubierto de hierba que se hallaba bajo los pinos de la iglesia de los arrabales, acompañada por una breve y bondadosa oración recitada por el anciano pastor metodista libre. Recordó que Cissy habÃa dicho una vez:
—Me gustarÃa que me diesen sepultura en lo más profundo del corazón del bosque, donde nadie pudiese acudir jamás para decir «Cissy Gay yace enterrada aquû y revelar mi miserable historia.
¡Pero esto! Sin embargo, pronto llegarÃa a su fin. Valancy sabÃa exactamente —no asà los Stirling ni Edward Beck— lo que pensaba hacer a continuación. HabÃa permanecido despierta durante toda la noche anterior pensando en ello, y finalmente habÃa tomado una decisión.