Valancy Stirling
Valancy Stirling —¿A qué viene tan poca originalidad? —preguntó Barney con amabilidad—. Cualquiera puede llamarme mocoso. ¿Por qué no piensa en algo digno de los Stirling? Además, no soy un mocoso. En realidad soy un hombre de mediana edad. Treinta y cinco años, si tanto le interesa saberlo.
El tÃo Benjamin recordó justo a tiempo que Valancy estaba muerta. Le dio la espalda a Barney.
Valancy era feliz… gloriosa y plenamente feliz. Le parecÃa estar viviendo en una maravillosa casa de la vida, y cada dÃa abrÃa una nueva y misteriosa habitación. Se hallaba emplazada en un mundo que no tenÃa nada en común con el que habÃa dejado atrás; un mundo donde el tiempo no existÃa… que era joven con una juventud inmortal, donde no existÃan ni el pasado ni el futuro, tan solo el presente. Se habÃa rendido por completo a su encanto.
La libertad absoluta que implicaba todo ello le resultaba inverosÃmil. PodÃan hacer exactamente todo cuanto quisieran. Sin la señora Grundy[34]. Sin tradiciones. Sin parientes. Ni familia polÃtica. «Paz, una paz perfecta, manteniendo alejados a los seres queridos», tal y como Barney citaba desvergonzadamente[35].
Valancy habÃa visitado su casa de nuevo para llevarse sus cojines. Y la prima Georgiana le habÃa dado uno de sus famosos cubrecamas de chenilla[36] tejido con un diseño de lo más elaborado.