Valancy Stirling
Valancy Stirling —Para la cama de la habitación de los huéspedes, querida —dijo.
—Pero si no tengo habitación para huéspedes —repuso Valancy.
La prima Georgiana se horrorizó. Una casa sin un cuarto de invitados le resultaba escandalosa.
—Pero es un cubrecama precioso —dijo Valancy dándole un beso—, y me alegro mucho de tenerlo. Lo pondré en mi propia cama. La vieja colcha de retales de Barney está cada vez más andrajosa.
—No entiendo cómo puede satisfacerte vivir allí —suspiró la prima Georgiana—. Está demasiado apartado del mundo.
—¡Satisfacerme! —rio Valancy. ¿Qué sentido tenía intentar explicárselo a la prima Georgiana?—. Así es —accedió—, un lugar glorioso y plenamente excluido del mundo.
—¿Y eres realmente feliz, querida? —preguntó la prima Georgiana con tristeza.
—Lo soy —contestó Valancy muy solemne, al tiempo que sus ojos danzaban.
—El matrimonio es algo muy serio —se lamentó la prima Georgiana.
—Solo cuando va a durar mucho tiempo —convino Valancy.