Valancy Stirling
Valancy Stirling —Madre, ¿le importarÃa llamarme Valancy a partir de ahora? —preguntó tÃmidamente—. Doss me parece tan… tan… No me gusta nada.
La señora Frederick miró a su hija con asombro. Llevaba unas gafas de lentes muy gruesas que le conferÃan a sus ojos un aspecto particularmente desagradable.
—¿Qué problema tiene «Doss»?
—Ese nombre… me parece tan infantil —titubeó Valancy.
—¡Oh! Ya veo —la señora Frederick habÃa nacido Wansbarra, y la sonrisa Wansbarra no auguraba nada bueno—. Muy bien, pues justamente por esa razón deberÃa encajar contigo. Ciertamente, eres demasiado infantil, mi querida niña.
—Tengo veintinueve años —exclamó la querida niña desesperada.
—Yo no lo gritarÃa a los cuatro vientos si estuviera en tu lugar, querida —dijo la señora Frederick—. Yo ya llevaba casada nueve años cuando cumplà veintinueve.
—Y yo me casé a los diecisiete —añadió con jactancia la prima Stickles.