Valancy Stirling
Valancy Stirling —¡Imposible! —exclamó perplejo—. ¡No pude haberle dicho eso!
Valancy sacó la carta de su bolso y se la entregó.
—Señorita Valancy Stirling… —leyó—. SÃ… sÃ. Por supuesto, le escribà cuando iba en el tren aquella noche. Pero le decÃa que no sufrÃa nada grave…
—Lea su carta —insistió Valancy.
El doctor Trent extrajo la carta del sobre, la desdobló y le echó un vistazo. La conmoción se adueñó de su rostro. Se puso en pie de un salto y, alterado, comenzó a caminar dando largos pasos por toda la estancia.
—¡Cielo santo! Esta carta iba dirigida a la anciana señorita Jane Sterling. De Port Lawrence. También vino aquel dÃa. Le envié la misiva equivocada. ¡Qué descuido tan imperdonable! Pero no era yo mismo aquella noche. Dios mÃo, y usted creyó que… creyó que… pero no… seguro que acudió a otro médico…
Valancy se puso en pie, se dio la vuelta, miró a su alrededor aturdida y volvió a tomar asiento.
—Lo creà —dijo débilmente—. No visité a ningún otro doctor. Me… me llevarÃa demasiado tiempo tratar de explicárselo. Pero creà que morirÃa pronto.
El doctor Trent se detuvo ante ella.