Valancy Stirling
Valancy Stirling —SÃ, según tengo entendido Bernie se ha estado haciendo llamar Snaith. Bueno, es su segundo nombre… era el de su pobre madre. Bernard Snaith Redfern, asà se llama. Y ahora, señorita, ¿puede decirme cómo llegar a esa isla? Parece que no hay nadie en casa. He estado saludando con la mano y gritando, Henry, ahà presente, jamás gritarÃa; es hombre de un solo trabajo. Pero el viejo doctor Redfern puede gritar como el que más, y no le importa hacerlo. Solo he conseguido agitar a un par de cuervos. Imagino que Bernie se ha ido a pasar el dÃa fuera.
—Ya se habÃa marchado cuando me fui esta mañana —dijo Valancy—. Supongo que no ha regresado todavÃa.
Habló con voz monótona e inexpresiva. Esta última conmoción la habÃa despojado temporalmente del poco poder de razonamiento que le quedaba tras la revelación del doctor Trent. En lo más profundo de su mente el susodicho duendecillo repetÃa burlonamente sin cesar un viejo y estúpido refrán: «Las desgracias nunca vienen solas». Pero estaba intentando no pensar. ¿De qué iba a servirle?
El doctor Redfern la estaba observando perplejo.
—¿Cuándo se fue esta mañana…? ¿Vive… all�
Agitó su diamante en dirección al Castillo Azul.