Valancy Stirling
Valancy Stirling —Por supuesto —asintió Valancy estúpidamente—. Soy su esposa.
El doctor Redfern sacó un pañuelo de seda amarillo, se quitó el sombrero, y se secó la frente. Estaba muy calvo, y el duendecillo de Valancy susurró: «¿Por qué quedarse calvo? ¿Por qué perder su belleza masculina? Pruebe el Vigorizante Capilar Redfern. Le mantiene joven».
—Discúlpeme —dijo el doctor Redfern—. Esto me ha pillado por sorpresa.
—Los sobresaltos parecen estar en el aire esta mañana.
El duendecillo pronunció estas palabras en voz alta antes de que Valancy pudiese impedirlo.
—No sabÃa que Bernie estuviese… casado. Jamás hubiese creÃdo que se casarÃa sin decÃrselo a su anciano padre.
¿Se habÃan nublado los ojos del doctor Redfern? En medio del sordo dolor que sentÃa por su propia desgracia, de sus miedos y temores, Valancy sintió una punzada de pena por él.
—No le culpe —se apresuró a decir—. No… no fue culpa suya. Toda la responsabilidad fue mÃa.