Valancy Stirling
Valancy Stirling —No. Ojalá fuese asà —repuso Valancy. No estaba sufriendo especialmente, pero se sentÃa muy cansada. Ojalá hubiesen llegado a su fin las explicaciones y estuviese arriba, en su vieja y fea habitación… sola. ¡Sola! El tintineo de las cuentas de las mangas de su madre, mientras oscilaban sobre los brazos de la silla de bambú, casi la vuelven loca. Ninguna otra cosa la perturbaba pero, de pronto, pareció como si simplemente fuese incapaz de soportar ese tintineo insistente y agudo.
—Mi casa, tal y como te dije, está siempre abierta para ti —dijo la señora Frederick frÃamente—, pero jamás podré perdonarte.
Valancy rio sin alegrÃa.
—Eso me importarÃa bien poco si fuese capaz de perdóname a mà misma —replicó.
—Vamos, vamos —dijo el tÃo Benjamin de un modo muy impertinente. Pero lo cierto es que estaba disfrutando. TenÃa la sensación de que Valancy se hallaba de nuevo bajo su control—. Basta ya de misterios. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué has abandonado a ese hombre? No cabe duda que existen razones suficientes, pero… ¿de qué razón en particular se trata?
Valancy comenzó a hablar mecánicamente. Contó su historia de un modo preciso y sin rodeos.