Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy sintió que el dardo de aquel viejo recuerdo le punzaba de nuevo.
—Veintinueve años —decÃa el tÃo Benjamin—. ¡Dios mÃo, Doss, te acercas peligrosamente a la treintena y ni siquiera piensas en casarte! Veintinueve años. Parece imposible.
A continuación, el tÃo Benjamin dijo una cosa muy original:
—¡Cómo pasa el tiempo!
—Yo creo que se arrastra —dijo Valancy apasionadamente.
La pasión era una peculiaridad tan ajena a la percepción que el tÃo Benjamin tenÃa de Valancy que no supo qué responder. Para disimular su desconcierto, planteó otra de sus adivinanzas mientras empaquetaba sus habas —la prima Stickles habÃa recordado en el último momento que debÃan comer habas. Las habas eran muy baratas y nutritivas.
—¿Cuáles son las dos edades de la ilusión? —preguntó el tÃo Benjamin; y sin esperar a que Valancy diera con la solución, añadió:
—Mir-age y marri-age[9].
—M-i-r-a-g-e se pronuncia mirazh —dijo Valancy rápidamente, recogiendo su té y sus habas.