Valancy Stirling
Valancy Stirling Por un instante no le importó que el tío Benjamin la desheredara. Salió de la tienda dejando al tío Benjamin con la boca abierta y sus ojos clavados en ella. Luego este sacudió la cabeza.
—¡Pobre Doss, se lo está tomando muy mal! —exclamó.
Valancy ya se arrepentía de sus palabras al llegar al siguiente cruce. ¿Por qué había perdido la paciencia de semejante modo? El tío Benjamin se habría ofendido y muy probablemente le diría a su madre: «Doss ha sido muy impertinente… “¡Conmigo!”»; y su madre la sermonearía durante una semana.
«Me he mordido la lengua durante veinte años —pensó Valancy—. ¿Por qué no he podido callarme una vez más?».
Sí, hacía justo veinte años —pensó Valancy— que había sido ofensivamente ridiculizada por su condición de «no amada». Recordaba perfectamente aquel amargo momento. Acababa de cumplir nueve años y se encontraba sola en el patio de la escuela, mientras el resto de las niñas de su clase jugaban a un juego en el que debías ser elegida por un muchacho como pareja, para poder comenzar a jugar. Nadie había elegido a Valancy; la pequeña y pálida Valancy, de cabellos oscuros, con su recatado mandilón de largas mangas y sus extraños ojos rasgados.