Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy permaneció sentada largo tiempo junto a la ventana. En el exterior se abría un mundo inmerso en la luz de un atardecer primaveral: el cielo lucía maravillosamente azul, el viento soplaba libre y perfumado, y podía apreciarse una ligera y hermosa neblina azul al final de cada calle. En la estación de ferrocarril un grupo de muchachas esperaba el tren; escuchó su risa alegre mientras charlaban y bromeaban. El tren llegó rugiendo a la estación y partió rugiendo igualmente. Pero nada de todo esto le parecía real. Nada tenía visos de realidad, excepto el hecho de que solo le quedaba un año de vida.
Cuando se cansó de estar sentada junto a la ventana se acostó en la cama, con la mirada fija en el techo descolorido y agrietado. Estaba poseída por ese extraño entumecimiento que sigue al anuncio de una aterradora noticia. No sentía nada, salvo una sorpresa e incredulidad infinitas, tras las cuales yacía la convicción de que el doctor Trent conocía su oficio y que ella, Valancy Stirling, que jamás había vivido, estaba a punto de morir.