Valancy Stirling
Valancy Stirling Cuando llegó la hora de la cena Valancy se levantó y bajó las escaleras mecánicamente, llevada por la fuerza de la costumbre. Se preguntó si había permanecido mucho tiempo sola en su habitación. Pero, ciertamente, su madre no le prestó atención alguna en ese momento, y Valancy se sintió agradecida por ello. Se dijo a sí misma que la disputa relativa al rosal había sido —como la propia señora Frederick habría admitido— verdaderamente providencial. Se sintió incapaz de probar bocado, y la señora Frederick y la prima Stickles se persuadieron de que su falta de apetito se debía justamente a su merecido descontento ante la actitud de su madre. Así pues, nadie hizo comentario alguno sobre su inapetencia. Valancy hizo verdaderos esfuerzos para tomar una taza de té, y a continuación permaneció sentada contemplando cómo cenaban las demás, con la extraña sensación de que habían pasado siglos desde la última vez que se había sentado a la mesa para cenar con ellas. Se sorprendió a sí misma sonriendo interiormente pensando en la conmoción que provocaría la noticia si ella decidiera revelarla.
«Si desvelara meramente el contenido de la carta del doctor Trent habría tanto alboroto —pensó Valancy con amargura—, como si realmente les importara algo».