Valancy Stirling
Valancy Stirling —Pongamos todas nuestras pilas de polvo sobre la de Olive, y hagamos un montón inmensamente grande —exclamó.
Un frenesí pareció apoderarse de las niñas. Se lanzaron sobre las pilas con cubos y palas, y en pocos segundos la pila de Olive era una verdadera pirámide. En vano trató Valancy de proteger la suya con sus esqueléticos bracitos extendidos. Fue implacablemente apartada a un lado, su pila recogida, y vertida sobre la de Olive. Valancy volvió con resolución, comenzó a construir una nueva pila, y de nuevo una niña de más edad se abalanzó sobre ella. Valancy se colocó ante su pila, enrojecida o indignada, con los brazos extendidos.
—No la tomes —suplicó—. Por favor, no la tomes.
—Pero ¿por qué? —preguntó la niña mayor—. ¿Por qué no nos ayudas a levantar la pila de Olive más grande?
—Porque quiero tener mi propia y pequeña pila de polvo —dijo Valancy lastimosamente.
Su súplica fue ignorada. Mientras ella discutía con una de las jovencitas, otra acumulaba y vertía su pila de polvo. Valancy se marchó entonces dando media vuelta, con el corazón inflamado y los ojos llenos de lágrimas.
—¡Celosa, estás celosa! —exclamó una de las niñas burlonamente.