Valancy Stirling
Valancy Stirling No he tenido más que una existencia de segunda categorÃa —decidió Valancy—. Me he perdido todas las grandes emociones de la vida. Nunca he tenido una pena. ¿Y alguna vez he amado de verdad a alguien? ¿Quiero realmente a mi madre? No, no la quiero. Es la verdad, por muy vergonzosa que resulte… no la quiero. Nunca la he querido y, lo que es peor, nunca he sentido afecto alguno por ella; asà las cosas, no he experimentado jamás ningún tipo de amor. Mi vida ha estado vacÃa… vacÃa. Nada hay peor que la vacuidad. ¡Nada!
Valancy gritó el último «nada» con pasión. Luego gimió y dejó de pensar por unos instantes. TenÃa uno de sus ataques.
Cuando todo terminó, algo le habÃa pasado a Valancy; quizás la culminación del proceso que se habÃa estado fraguando en su mente desde que habÃa leÃdo la carta del doctor Trent. Eran las tres de la mañana, la hora más discreta y más maldita del reloj; aunque en ocasiones nos hace libres.