Valancy Stirling
Valancy Stirling Así pues, el comportamiento de Valancy durante las bodas de plata no sorprendió tanto a la señora Frederick y a la prima Stickles como al resto del clan. Al principio pensaron que era mejor que no asistiera, pero llegaron a la conclusión de que su ausencia desataría los rumores. Tal vez sabría comportarse y, hasta el momento, nadie había sospechado nada extraño en ella. Por una afortunada bendición de la Providencia había llovido a cántaros la mañana del domingo, y de ese modo Valancy no pudo llevar a cabo su terrible amenaza de asistir a la iglesia presbiteriana.
A Valancy no le habría importado lo más mínimo que la hubieran dejado en casa. Aquellas celebraciones familiares eran irremediablemente aburridas; y los Stirling celebraban absolutamente todo. Era una antigua tradición; e incluso la señora Frederick daba una cena por su aniversario de boda y la prima Stickles invitaba a sus amigos a cenar el día de su cumpleaños. Valancy detestaba aquellas diversiones porque las obligaban a ahorrar e ingeniárselas durante semanas para pagar los festejos. Pero quería asistir a las bodas de plata. El tío Herbert se disgustaría si no lo hacía y ella quería mucho al tío Herbert. Además, ansiaba contemplar a su familia con una perspectiva nueva. Y aquella sería una excelente ocasión para hacer pública su declaración de independencia si la ocasión lo propiciaba.