Anne y su pequeño mundo
Anne y su pequeño mundo —Papá, no hay en el mundo una vista tan hermosa como la cueva del mar entre los promontorios. He contemplado un magnifico paisaje; cierro los ojos y conjuro la imagen.
Escucha al viento susurrar entre los árboles. ¡Cuánto he añorado esa música! La llevó hacia el huerto y siguió perfectamente su plan de sorpresa. Ella lo premió haciendo exactamente cuanto él soñara, golpeando sus manos y gritando:
—¡Oh papacito! ¡Pero, papacito!
Terminaron su paseo en la costa y al atardecer regresaron a sentarse en el viejo banco del jardÃn. Ante ellos se extendÃa un mar de esplendor, que brillaba como una joya que se perdÃa hacia occidente. Los largos promontorios a cada lado eran color púrpura oscuro y el sol dejaba tras sà un vasto y limpio arco de blanco puro y rosa indefinido. Tras el huerto, en un cielo frÃo y verde, brillaba un planeta de cristal y la noche derramaba sus sombras desde su cáliz. Los abetos se regocijaban al viento y hasta los maltrechos pinos cantaban al mar. Sus corazones fueron invadidos por viejos recuerdos.
—Baby Blossom —balbuceó el viejo Shaw—, ¿estás bien segura de hallarte contenta aqu� Allà —dijo señalando vagamente el horizonte que encerraba un mundo lejano — están el placer, las diversiones y todo lo demás. ¿No lo echarás de menos? ¿No te cansarás de tu viejo padre y de White Sands?