Anne y su pequeño mundo
Anne y su pequeño mundo —Gracias. Tengo que regresar a casa hoy mismo —afirmó la vieja Lloyd con un tono que le indicó a Cameron la inutilidad de discutir con ella, aunque insistió en llamar su coche para que la condujera a la estación. La anciana aceptó, pues temía que sus piernas no le respondieran en un camino tan largo. Al partir volvió a estrechar la mano de su primo y le agradeció por segunda vez que accediera a su pedido.
—No es nada —le dijo él—. Por favor, prima Margaret, trata de pensar un poco más favorablemente sobre mí.