Emily lejos de casa

Emily lejos de casa

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Emily, furiosa, hablándoles a las botas: «Y así es».

—Claro que, en mi opinión —terció la señora Ann Cyrilla—, muchos de los defectos de Emily vienen de su amistad con Ilse Burnley. No deberían permitirle andar con Ilse. Dicen que Ilse es tan pagana como su padre. Siempre he oído decir que no cree en Dios… ni en el Diablo.

Emily: «Lo que, a tus ojos, es muchísimo peor».

—Ah, el doctor la está educando un poquito mejor después de que se supo que su preciosa esposa no huyó con Leo Mitchell —dijo la señorita Potter, con un resoplido—. La hace ir a la escuela dominical. Pero no es una chica para ser amiga de Emily. Dicen que suelta palabrotas como un carretero. Un día la señora de Mark Burns estaba en el consultorio del doctor y oyó que Ilse, que estaba en el vestíbulo, decía, con toda claridad: «¡Fuera, mancha de mierda!». Probablemente le hablaba al perro.

—Dios santo, Dios santo —gimió la señora Ann Cyrilla.

—¿Sabes lo que le vi hacer la semana pasada? ¡Y lo vi con mis propios ojos! —La señorita Potter puso mucho énfasis en esto. No fuera cosa que Ann Cyrilla creyera que lo había visto con los ojos de otra persona.


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