Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Nada puede sorprenderme —farfulló la señora Ann Cyrilla—. Si dicen que el martes pasado, de noche, estaba en la serenata que le dieron a Johnson, vestida de varón.
—Es muy probable. Pero en el patio del frente de mi casa sucedió otra cosa. Ella estaba con Jen Strang, que habÃa venido a pedirme un gajo de mi rosal persa para su madre. Yo le pregunté a Ilse si sabÃa coser, cocinar y algunas otras cosas que consideré que habÃa que recordarle que existen. Ilse dijo «no» a cada pregunta, muy campante y después me dijo… ¿qué se te ocurre que pudo haberme dicho esa niña?
—¡Ay! ¿Qué? —se impacientó la señora Ann Cyrilla, sin aliento.
—Me preguntó: «¿Usted puede apoyarse en un pie y levantar el otro hasta la altura de los ojos, señorita Potter? Yo sû. Y —dijo la señorita Potter, bajando la voz a un adecuado tono de horror— ¡lo hizo!
La espÃa del armario ahogó un espasmo de risa en el peto gris del primo Jimmy. ¡Cómo le gustaba a la loca de Ilse impresionar a la señorita Potter!
—¡Santo Cielo! ¿HabÃa hombres cerca? —inquirió la señora Ann Cyrilla.