Emily lejos de casa

Emily lejos de casa

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Aquellas dos últimas semanas de agosto fueron muy activas en la Luna Nueva. Elizabeth y Laura mantuvieron largas conversaciones sobre la ropa de Emily. Debía tener un vestuario que no arrojara el descrédito sobre los Murray, pero era el sentido común y no la moda lo que debía predominar. Emily no tuvo voz ni voto al respecto. Laura y Elizabeth un día discutieron «desde el mediodía hasta el rocío de la tarde» sobre si Emily debía tener una blusa de tafetán azul (Ilse tenía tres) y decidieron que no, lo que causo la desilusión de Emily. Pero Laura ganó la partida sobre lo que no se atrevía a llamar «vestido de noche», ya que el nombre habría determinado la opinión de Elizabeth: era una cosa muy bonita de crêpe, de un color gris rosáceo (creo que era un tono que entonces se llamaba «cenizas de rosas») y se lo hicieron sin cuello (inmensa concesión de parte de Elizabeth) y con esas grandes mangas de farol que hoy parecen absurdas pero que, como cualquier otra moda, eran bonitas y atrevidas cuando las usaban las jóvenes hermosas de la época. Era el vestido más bonito que Emily había tenido en su vida, y el más largo, lo que significaba mucho en aquellos días, cuando no se era adulta hasta no haberse puesto vestidos «largos». Le llegaba hasta sus hermosos tobillos.




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