Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Se lo puso una tarde, cuando Laura y Elizabeth no estaban, porque querÃa que Dean se lo viera puesto. Él habÃa ido a pasar la tarde con ella. Se iba al dÃa siguiente, tras haberse decidido por Egipto, y caminaron por el jardÃn. Emily se sentÃa madura y sofisticada porque tenÃa que levantarse la falda brillante para evitar la hierba. Llevaba un pequeño chal gris rosáceo en la cabeza y, a los ojos de Dean, se parecÃa más que nunca a una estrella. Los gatos eran su séquito: Flor, lustroso y con rayas grises, y Saucy Sal, que seguÃa siendo la reina suprema de los graneros de la Luna Nueva. Los gatos podÃan ir y venir, pero Saucy Sal era eterna. Jugueteaban en los lechos, saltaban uno encima de otro desde junglas de flores, y rodaban, insinuándose, a los pies de Emily. Dean iba a Egipto, pero sabÃa que en ninguna parte, ni siquiera en medio del extraño encanto de imperios olvidados, verÃa nada que le gustara tanto como aquella hermosa imagen de Emily y sus gatos en el viejo jardÃn, ordenado, armonioso y aromático, de la Luna Nueva.