Emily lejos de casa
Emily lejos de casa En su última noche en casa, fue a ver al señor Carpenter para pedirle su opinión sobre unos manuscritos que le habÃa dejado la semana anterior para que él le hiciera la crÃtica. Entre ellos estaban sus últimos cuentos, escritos antes del ultimátum de la tÃa Elizabeth. La crÃtica era algo que el señor Carpenter hacÃa de muy buena gana y nunca escamoteaba nada, pero era justo, y Emily tenÃa confianza en su veredicto, incluso cuando decÃa cosas que le dejaban ampollas en el alma.
—Esta historia de amor no sirve para nada —dijo, bruscamente.
—Sé que no es lo que querÃa escribir —replicó Emily, con un suspiro.
—Ningún cuento lo es, nunca —dijo el señor Carpenter—. Jamás escribirás algo de lo que estés de verdad satisfecha, aunque pueda satisfacer a otros. En cuanto a las historias de amor, no puedes escribirlas porque no puedes sentirlas. No trates de escribir nada que no puedas sentir, será un fracaso, «ecos sin valor». Ahora bien, esta otra historia, sobre la anciana. No está mal. El diálogo es inteligente; el final, simple y efectivo. Y gracias al Señor que tienes sentido del humor. Creo que ésa es la razón principal por la que no eres buena con las historias de amor. Nadie con verdadero sentido del humor puede escribir una historia de amor.