Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Claro que sÃ. Probablemente la última vez que lo usaron fue en la corte del Faraón, en los dÃas de la opresión. Ahora va a asistir al baile de la nieve de Kit Barrett. ¡Vaya diferencia! Espero que el fantasma de la princesa Mena no me atormente esta noche. Puede sentirse agraviada por el sacrilegio, ¿quién sabe? Pero no fui yo la que profanó su tumba y, si no lo tuviera yo, lo tendrÃa otra persona, alguien que no pensarÃa para nada en la princesita. Estoy segura de que ella preferirÃa que estuviera calentito y resplandeciente alrededor de mi cuello y no en un sombrÃo museo expuesto a las miradas frÃas y curiosas de miles de ojos. Era «de corazón dulce», dice Dean; no se enfadará porque yo use su bonito collar. Dama del Egipto, cuyo reino ha sido derramado como el vino sobre las arenas del desierto, te saludo a través del abismo de los tiempos.
Emily hizo una profunda reverencia y saludó con la mano hacia los siglos muertos.
—Ese lenguaje pomposo es una tonterÃa —soltó la tÃa Ruth.
—Casi toda la última frase es textual de la carta de Dean —dijo Emily, con inocencia.
—Suena tÃpico de él. —Éste fue el desdeñoso comentario de la tÃa Ruth—. Bien, yo creo que tus cuentas venecianas te quedarÃan mejor que ese objeto pagano. Ahora bien, no te quedes hasta muy tarde, Emilia. Que Andrew te traiga a casa antes de las doce.