Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Emily iba con Andrew al baile de Kitty Barrett, privilegio acordado graciosamente dado que Andrew era uno de los «Elegidos». Aunque Emily no volvió a casa hasta la una, la tía Ruth lo dejó pasar. Pero el baile dejó a Emily con mucho sueño al día siguiente, en especial porque había estudiado hasta tarde las dos noches anteriores. En época de exámenes la tía Ruth aflojaba un poco sus rígidas reglas y le permitía una provisión extra de velas. Lo que habría dicho de enterarse de que Emily había usado parte de las velas extra para escribir un poema sobre «Las sombras», no lo sé y no puedo contarlo. Pero, sin duda, lo habría considerado una prueba más de su naturaleza reservada. Tal vez fuera una actitud algo reservada. Debe recordarse que soy sólo la biógrafa de Emily, no su apologista.
En el cuarto de Ilse, Emily encontró a Evelyn Blake, que estaba muy enfadada, en secreto, porque a ella no la habían invitado al baile y a Emily Starr, sí. Por lo tanto, sentada sobre la mesa de Ilse y balanceando una pierna enfundada en seda ostentosamente en la cara de unas chicas que no tenían medias de seda, se dispuso a ponerse desagradable.
—Me alegro de que hayas venido, amada amiga, amiga del alma —gimió Ilse—. Evelyn ha estado parloteándome toda la mañana. Espero que ahora se dedique un poco a ti y me dé un poco de descanso.