Emily lejos de casa
Emily lejos de casa La tÃa Ruth era capaz de sacar de quicio a cualquiera. ¡Qué desagradable podÃa ser la palabra «querida»! Pero Emily no se impacientó.
—Esta noche sÃ. No podrÃan conseguir un sustituto en el último momento, ¿te das cuenta? La señorita Aylmer no me lo perdonarÃa nunca.
—¿Te importa más el perdón de la señorita Aylmer que el de Dios? —preguntó la tÃa Ruth con el aire de quien afirma una posición decisiva.
—SÃ, que el de tu Dios, sà —murmuró Emily, incapaz de no perder la paciencia ante preguntas tan insensatas.
—¿No respetas a tus antepasados? —Fue la siguiente pregunta de la tÃa Ruth—. ¡Ay, si supieran que una descendiente suya va a actuar en una obra de teatro, se retorcerÃan en sus tumbas!
Emily le regaló a la tÃa Ruth una muestra de la mirada de los Murray.
—SerÃa un excelente ejercicio para ellos. Esta noche voy a hacer mi papel en la obra, tÃa Ruth.
Emily habló con serenidad, mirando desde su joven estatura con ojos decididos. La tÃa Ruth sintió una incómoda sensación de impotencia: la puerta del cuarto de Emily no tenÃa llave y no podÃa detenerla por la fuerza fÃsica.