Emily lejos de casa
Emily lejos de casa «He terminado para siempre con Ruth Dutton», juró Emily, sintiendo una tremenda satisfacción al omitir el «tía».
A medida que se acercaba a su casa, las nubes comenzaron a disiparse y de pronto, al enfilar el sendero de la Luna Nueva, la austera belleza de los tres altos álamos de Lombardía bajo el cielo iluminado por la luna la hicieron contener el aliento. ¡Qué maravilla! Por un momento casi olvidó sus penas y a la tía Ruth. Pero entonces el dolor volvió a inundar su alma: ni siquiera la magia de las Tres Princesas podía alejarlo con encantamientos.
Había luz en la ventana de la cocina de la Luna Nueva, una luz que iluminaba con efecto espectral los altos abedules blancos del bosque de John el Altivo. Emily se preguntó quién estaría levantado en la Luna Nueva; había esperado encontrar la casa a oscuras y pensaba deslizarse por la puerta delantera y subir a su querido dormitorio, dejando las explicaciones para la mañana siguiente. La tía Elizabeth siempre cerraba con llave y cruzaba un pasador a la puerta de la cocina con gran ceremonia, antes de irse a acostar, pero nunca cerraba la puerta delantera. Los vagabundos y los ladrones no tendrían tan malos modales, seguramente, como para acercarse a la puerta delantera de la Luna Nueva.