Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Tuvieron que soportar a tus abuelos. —El primo Jimmy parecÃa pensar que esto era determinante, como hubiera admitido cualquiera que hubiera conocido a Archibald y a Hugh Murray.
—Primo Jimmy, ¿crees que tengo que volver y aceptar los gruñidos de la tÃa Ruth y hacer como si no hubiera sucedido nada?
—¿A ti qué te parece? —preguntó el primo Jimmy—. Cómete una rosquilla, gatita.
Esta vez Emily la aceptó. Bien le venÃa un poco de consuelo. Pero uno no puede comer rosquillas y seguir siendo dramática. Inténtelo.
Emily bajó de la cumbre de su tragedia al valle de la petulancia.
—La tÃa Ruth ha estado odiosa en los dos últimos meses, desde que la bronquitis le impidió salir. No te imaginas lo que ha sido.
—Claro que me lo imagino. Ruth Dutton nunca hizo que nadie se sintiera cómodo. ¿Se te están calentando los piececitos, Emily?
—La odio —exclamó Emily, aferrada aún a la justificación de sà misma—. Es horrible vivir bajo el mismo techo con alguien a quien uno odia.
—Mortal —convino el primo Jimmy.