Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Emily miró la vela, que también estaba casi consumida. SabÃa que esa noche no podÃa encender otra. Las reglas de la tÃa Elizabeth eran como las de los medos y los persas. Guardó el diario en el armario de la derecha, sobre la repisa del hogar, cubrió el fuego moribundo, se desvistió y apagó la vela. La habitación se fue llenando de esa débil luz blanca como la nieve, que brilla las noches en las que hay luna llena detrás de las veloces nubes de tormenta. Y justo en el momento en que estaba a punto de deslizarse dentro de su alta cama, Emily sintió una súbita inspiración, una espléndida idea nueva para un cuento. Durante una fracción de segundo se estremeció, sin ganas de levantarse. La habitación estaba enfriándose. Pero no podÃa alejar la idea de su cabeza. Metió la mano entre la funda de plumas y el colchón de paja y sacó una vela a medio consumir, escondida allà para emergencias como ésta.
Claro que era algo incorrecto. Pero yo en ningún momento di a entender, ni lo haré, que Emily fuera una niña correcta. No se escriben libros sobre niños correctos. SerÃan tan aburridos que no los leerÃa nadie.