Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Sà —dijo Emily.
—¿Y no serás presbiteriana?
—SÃ.
—Es lo único que se puede ser decentemente —comentó la señora McIntyre con satisfacción—. ¿Y querrÃas por favor decirme cuál es tu nombre? ¡Emily Starr! Es un nombre muy bonito. Voy a decirte mi nombre: mi nombre vendrÃa a ser señora Margaret McIntyre. No soy una persona común: yo soy la mujer que le dio una azotaina al rey.
Emily, ya totalmente despierta, volvió a entusiasmarse con el instinto de la cuentista. Pero Ilse, que se despertó en ese momento, exhaló una exclamación de sorpresa. La señora McIntyre levantó la cabeza con gesto de soberana.
—No me tengas miedo, querida. No voy a hacerte daño, aunque yo sea la mujer que le dio unos azotes al rey. Eso es lo que la gente dice de mÃ, ah sÃ, cuando entro en la iglesia: «Ésa es la mujer que le dio una azotaina al rey».
—Supongo —dijo Emily, vacilante—, que será mejor que nos levantemos.