Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Ah, lo había olvidado. Ilse siempre me recrimina por algo. Pero hay que vivir para aprender. Ahora ya no lo olvidare nunca, te lo aseguro. Había otros tres o cuatro muchachos en la casa (el nuevo profesor de francés y un par de banqueros) y algunas damas. He llegado al comedor sin caerme y me han dado una silla entre la señorita Hardy y la dama mencionada antes. He echado un vistazo a la mesa y entonces, Emily, ahí por fin he sabido lo que significa tener miedo. Te juro que antes no lo conocía, nunca le había tenido miedo a nada. Es un sentimiento espantoso. Me ha dado pánico. Yo antes pensaba que teníais mucho protocolo en la Luna Nueva cuando había visitas, pero nunca había visto una cosa como esa mesa, todo era brillante y resplandeciente. En un lugar había tenedores, cucharas y cosas para equipar a todo un pueblo. Había un pedazo de pan envuelto en mi servilleta, se me ha caído y ha salido rodando por el suelo. Me he dado cuenta de que la cara y el cuello se me ponían rojos. Supongo que eso es ruborizarse. Que yo recuerde, nunca me había ruborizado. No sabía si levantarme a recogerlo o no. Entonces la criada me ha traído otro. He utilizado la cuchara que no correspondía para la sopa pero he tratado de recordar lo que decía tu tía Laura sobre cómo tomar la sopa. Lo he hecho bien las primeras cucharadas pero después me he interesado mucho en algo que estaba diciendo no sé quién y he hecho ruido.