Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Sà —respondió Emily, con franqueza— y queda muy feo.
—Bueno, después de hacerlo me he sentido como avergonzado. Supongo que todavÃa me falta mucho por aprender, Emily. Voy a comprarme un libro de etiqueta y aprendérmelo de memoria. No quiero pasar por otra noche como la de hoy. Pero al final todo ha mejorado. Jim Hardy me ha llevado al cuarto de juegos a jugar a las damas y le he ganado. Mi etiqueta con el juego de damas no falla, eso te lo aseguro. Y la señora Hardy ha dicho que mi discurso en el debate habÃa sido el mejor que habÃa oÃdo en un muchacho de mi edad y quiso saber a qué pensaba dedicarme. Es una gran dama y sabe bien todo lo social. Por eso es que quiero que te cases conmigo cuando llegue el momento. Emily, yo necesito una esposa con seso.
—No digas tonterÃas, Perry —dijo Emily, altiva.
—No son tonterÃas —insistió Perry con obstinación—. Y es hora de que dejemos algo en claro. No tienes por qué mirarme por encima del hombro porque eres una Murray. Algún dÃa seré un buen partido, incluso para una Murray. Vamos, sácame de la ignorancia.
Emily se levantó, desdeñosa. TenÃa sus sueños, como todas las chicas, y el rosado sueño del amor estaba entre ellos, pero Perry Miller no formaba parte de él.