Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Creo que me voy a dormir, las velas están casi terminándose. Supongo que la paja será una cama estupenda para nosotros, Ted. Llevaremos bastante, pongámosla sobre la cama y hagamos un nidito bien cómodo para las chicas. Con una de las mantas de piel encima, no estará mal. Vamos a tener sueños muy elevados esta noche, Ilse especialmente. ¿No se le habrá pasado todavÃa?
—Yo tengo un puñado de sueños para vender —dijo Teddy, con aire travieso, con una nueva alegrÃa que no sabÃa explicar en la voz y en el gesto—. ¿Qué quieres? Un sueño de éxito, un sueño de aventura, un sueño del mar, un sueño del bosque, cualquier tipo de sueño que quieras a precios razonables, incluyendo una o dos pesadillas únicas. ¿Qué me das por un sueño?
Emily giró en redondo, lo miró un momento y olvidó la emoción y el encantamiento y todo lo demás en su afán imposible por tener un cuaderno a mano. Como si su pregunta «¿qué me das por un sueño?» hubiera sido una fórmula mágica para abrir una cámara sellada en su cerebro, vio desfilar ante ella una idea asombrosa para un cuento, con tÃtulo incluido, El vendedor de sueños. Durante el resto de la noche, Emily no pensó en otra cosa.