Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Yo sé que eres un tonto, Jim Hardy, pero, por lo que más quieras, ¡disimula aunque sea por cinco minutos!
No, era posible. Claro, la criada lo inventó.
—No vas a tener muchos problemas más, Emily —dijo la tÃa Ruth al volver a casa—. Polly y Jim tienen el buche lleno. Cuando la gente te vea en el mercadillo se darán cuenta en seguida de hacia dónde sopla el viento y van a acomodar las velas en la misma dirección. Tengo algunas cositas que decirles a otros personajes, lo que haré cuando se presente la oportunidad. El mundo ha de estar muy chiflado si dos muchachos y dos chicas decentes no pueden escapar de la muerte por congelación sin que se los calumnie. No pienses en este tema ni un segundo más, Emily. Recuerda que tienes el respaldo de tu familia.
Emily fue al espejo cuando la tÃa Ruth se fue abajo. Lo puso en el ángulo apropiado y sonrió a Emily del espejo, le dirigió una sonrisa lenta, provocativa, seductora.
«¿Dónde habré puesto mi cuaderno? —pensó Emily—. Tengo que agregarle algunos toques a mi boceto sobre la tÃa Ruth».