Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Emily vendió batitas, mantas, zapatitos y sombreros en el puesto de la señora Tolliver y convenció a ancianos caballeros de que le compraran, con su ya famosa sonrisa. Todos fueron agradables con ella y ella volvió a ser feliz, aunque la experiencia había dejado su cicatriz. Muchos años después, la gente de Shrewsbury decía que Emily Starr en realidad nunca los había perdonado por haber hablado mal de ella, y agregaban que los Murray nunca perdonaban, ¿sabe? Pero el perdón no tenía nada que ver. Emily había sufrido tanto, que de allí en adelante sólo ver a cualquiera que hubiera estado relacionado con su sufrimiento le resultaba insoportable. Cuando la señora Tolliver le pidió, una semana después, que sirviera el té en la recepción que le daba a su prima, Emily declinó con amabilidad, sin molestarse en darle la menor excusa. Y algo en el ángulo de la barbilla o en la mirada directa de sus ojos le hizo sentir a la señora Tolliver hasta los tuétanos que seguía siendo Polly Riordan, de Riordan Alley, y que nunca sería otra cosa a los ojos de una Murray de la Luna Nueva.