Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Esto no es exactamente lo que uno llamarÃa «trabajar fuera», querida señorita Murray —dijo la señorita Royal, con la cortés paciencia que uno debe utilizar con una dama cuyo punto de vista era el de una generación pasada—. En todos lados hay miles de mujeres que se dedican a negocios y a profesiones diversas.
—Supongo que es lo conveniente en su situación, si no se casan —puntualizó la tÃa Elizabeth.
La señorita Royal se ruborizó. SabÃa que en Blair Water y en Shrewsbury la consideraban una vieja solterona y, por consiguiente, una fracasada, fueran cuales fuesen sus ingresos o su posición en Nueva York. Sin embargo no perdió el buen humor e intentó otra lÃnea de ataque.
—Emily tiene un don especial para escribir —explicó—. Creo que puede hacer que de verdad valga la pena, si tiene una oportunidad. Tiene que tener esa oportunidad, señorita Murray. Usted sabe que aquà no la tiene.
—Este año Emily ha ganado noventa dólares con su pluma —subrayó la tÃa Elizabeth.
«¡Santo cielo, la paciencia que hay que tener!», pensó la señorita Royal. Pero dijo:
—SÃ, y dentro de diez años puede llegar a ganar algunos cientos de dólares mientras que, si viene conmigo, dentro de diez años sus ingresos probablemente lleguen a muchos miles.