Emily lejos de casa
Emily lejos de casa ¡Qué hermoso ese viejo jardín que el primo Jimmy quería tanto! ¡Qué hermosa la granja de la Luna Nueva! Su belleza tenía una sutil calidad romántica que le era propia. Había magia en la curva del camino rojo oscuro, empapado de rocío; había una atracción remota, espiritual, en las Tres Princesas; magia en el huerto; un aroma de intriga y misterio en el bosque de abetos. ¿Cómo podía dejar aquella vieja casa que la había amparado y amado (¡no digáis jamás que las casas no aman!), las tumbas de sus antepasados junto al estanque de Blair Water, los amplios campos y los bosques encantados donde había tejido sus sueños infantiles? De pronto, supo que no podía dejarlos, supo que en ningún momento había querido dejarlos. Por eso había buscado con desesperación el consejo de extraños imposibles. En realidad, esperaba que le dijeran que no se fuera. Por eso había deseado con tanto fervor que Dean estuviera en casa, él seguramente le habría dicho que no se fuera.
—Yo pertenezco a la Luna Nueva, y me quedo con mi gente —dijo.
No había dudas con respecto a la decisión, no quería que nadie la ayudara a decidir. Una satisfacción profunda e íntima se apoderó de ella mientras desandaba el camino y entraba en la vieja casa que ya no la miraba con reproche. Encontró a la tía Elizabeth, la tía Laura y el primo Jimmy en la cocina, llena de su magia de velas.