Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —No sabes lo que dices —espetó la señorita Royal, algo irritada—. Aquà nunca escribirás nada que valga la pena, nada grande. No hay inspiración, tendrás todo tipo de obstáculos, los grandes editores no mirarán más allá de la dirección de la Isla PrÃncipe Eduardo en tu manuscrito. Emily, estás cometiendo un suicidio literario. Te darás cuenta a las tres de la mañana de alguna noche en vela, Emily B. Ay, supongo que, dentro de algunos años, tendrás una clientela de diarios de Escuelas Dominicales y suplementos agrarios. Pero ¿te satisfará eso? Tú sabes que no. Y luego están los celos mezquinos de estos pequeños lugares perdidos. Si haces algo que no pueden hacer los que fueron a la escuela contigo, algunos no te lo perdonarán jamás. Y todos pensarán que eres la heroÃna de tus cuentos, en especial si la pintas hermosa y encantadora. Si escribes una historia de amor estarán seguros de que es la tuya. Te hartarás de Blair Water, tú conoces a todos, sabes cómo son y lo que pueden ser, será como leer un libro veinte veces. Ah, yo sé de qué te hablo. «Yo vivÃa antes de que tú hubieras nacido», como dije cuando tenÃa ocho años a una compañera de escuela de seis. Te vas a desalentar, las tres de la mañana será una hora que llegarás a temer; todas las noches llegan las tres de la mañana, recuérdalo, lo abandonarás todo, te casarás con ese primo tuyo…
—Nunca.