Emily triunfa
Emily triunfa —Una casa. Yo, Dean Priest, soy propietario de un bien raÃz, que consiste en una casa, un jardÃn y un bosque de dos hectáreas. Yo, que esta mañana no tenÃa ni un centÃmetro cuadrado de tierra que pudiera llamar mÃa. Yo, que toda mi vida he querido tener un pedacito de tierra.
—¿Qué casa has comprado, Dean?
—La de Fred Clifford, o al menos la que fue siempre suya por un equÃvoco legal. En realidad, nuestra casa, predestinada a nosotros desde la fundación del mundo.
—¿La Casa Desilusionada?
—Ah, sÃ, asà era como la llamabas. Pero ya no va a estar desilusionada. Es decir, si… Emily, ¿estás de acuerdo con lo que he hecho?
—¿Qué si estoy de acuerdo? Eres maravilloso, Dean. Siempre he adorado esa casa. Es una de esas casas que se quieren apenas se las ve. Algunas casas son asÃ, llenas de magia. Y otras no tienen nada de nada. Siempre he querido ver esa casa realizada. Ay, y alguien me dijo que ibas a comprar esa espantosa casona de Shrewsbury. TenÃa miedo de preguntarte si era cierto.
—Emily, retira esas palabras. Tú sabes que no era cierto. Me conoces. Claro que todos los Priest querÃan que comprara esa casa. Mi querida hermana casi se puso a llorar porque no quise comprarla. La vendÃan barata, y era una casa muy elegante.