Emily triunfa

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Pasaron momentos espléndidos poniendo los muebles en la sala. Probaban mil ángulos diferentes y no se contentaban hasta no encontrar el que les gustaba. A veces no se ponían de acuerdo y entonces se sentaban en el suelo y lo hablaban. Y si no llegaban a un acuerdo, hacían que Flor sacara pajitas con los dientes y así se decidía. Flor andaba siempre cerca. Saucy Sal se había muerto de vieja y Flor se estaba poniendo viejo y loco y roncaba horriblemente cuando dormía, pero Emily lo adoraba y no iba a la Casa Desilusionada sin él. Flor siempre subía el sendero de la colina junto a ella, como una sombra gris manchada de oscuro.

—Quieres a ese gato viejo más que a mí, Emily —dijo una vez Dean en broma aunque con un tono de seriedad.

—Tengo que quererlo —se defendió Emily—. Se está poniendo viejo. Tú tendrás todos los años que tengamos por delante. Y yo necesito siempre un gato cerca. Una casa no es un hogar sin la dicha inefable de un gato con la cola arrollada alrededor de las patas. Un gato da misterio, hechizo, sugestión. Y tú tienes que tener un perro.

—Nunca he querido tener otro perro después de la muerte de Tweed. Pero tal vez me consiga uno, uno bien diferente. Necesitaremos un perro para que mantenga a raya a tus gatos. Ah, ¿no es bonito sentir que un lugar te pertenece?


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