Emily triunfa
Emily triunfa —Es más bonito sentir que perteneces a un lugar —replicó Emily, mirando afectuosamente a su alrededor.
—Nuestra casa y nosotros nos vamos a llevar muy bien —dijo Dean.
5
Un dÃa colgaron los cuadros. Emily trajo sus retratos preferidos, que eran los de Doña Giovanna y la Mona Lisa. Los colgaron entre las ventanas.
—Aquà va a estar tu escritorio —dijo Dean—. Y la Mona Lisa te susurrará el secreto inmemorial de su sonrisa y tú lo pondrás en un cuento.
—Creà que no querÃas que siguiera escribiendo cuentos —dijo Emily—. TenÃa la impresión de que nunca te habÃa gustado que escribiera.
—Eso era cuando tenÃa miedo de que escribir te apartara de mÃ. Ahora no importa. Quiero que hagas lo que desees.
Emily no opinaba lo mismo. Después de su enfermedad no habÃa sentido deseos de coger la pluma. A medida que pasaban los dÃas, sentÃa un creciente disgusto ante la mera idea de retomar la escritura. Pensar en escribir significaba pensar en el libro que habÃa quemado, y eso dolÃa a más no poder. Ya no trataba de escuchar la «palabra al azar»; era una exiliada de su antiguo reino estrellado.