Emily triunfa
Emily triunfa —Voy a poner a la anciana Elizabeth Bas junto al hogar —dijo Dean—. Grabado de un retrato de Rembrandt. ¿No es una anciana deliciosa, Emily, con esa cofia blanca y esa impresionante gorguera blanca? ¿Has visto alguna vez una cara tan astuta, traviesa, complaciente y casi desdeñosa?
—Creo que no me gustarÃa discutir con esa Elizabeth —reflexionó Emily—. Me parece que tiene las manos entrelazadas a la fuerza y que es capaz de tirarte de las orejas si no estás de acuerdo con ella.
—Hace más de un siglo que no es más que polvo —dijo Dean, soñador—. Y, sin embargo, está tan viva en esta reproducción barata del cuadro de Rembrandt que parece que va a hablar. Y a mà también me da la impresión de que no soportarÃa ninguna tonterÃa.
—Pero, además, probablemente tenga un caramelo escondido en un bolsillo del vestido para dárselo a alguien. Esa anciana delicada, sonrosada, saludable… era la que mandaba en la familia, no hay duda. El marido hacÃa lo que ella decÃa, aunque sin saberlo.
—¿TendrÃa marido? —preguntó Dean, dubitativo—. No tiene anillo de casada.
—Entonces ha de haber sido una encantadora solterona —admitió Emily.