Emily triunfa
Emily triunfa Se hicieron amigos de un viejo conejo que a menudo venÃa al jardÃn, saltando desde los bosques. Jugaban a ver quién de los dos podÃa contar más ardillas durante el dÃa y más murciélagos durante la noche. Pues no siempre regresaban a sus casas cuando estaba demasiado oscuro para trabajar. A veces se sentaban en los escalones de arenisca a escuchar la deliciosa melancolÃa del viento nocturno en el mar, a ver cómo el crepúsculo subÃa desde el antiguo valle y las sombras se mecÃan y se estremecÃan bajo los abetos y cómo el lago de Blair Water se volvÃa un gran charco gris trémulo de estrellas tempraneras. Flor se sentaba junto a ellos, y lo miraba todo con sus grandes ojos y, de vez en cuando, Emily le acariciaba las orejas.
—Ahora entiendo mejor a mi gato. En cualquier otro momento es inescrutable, pero a la hora del crepúsculo y del rocÃo puedo captar un atisbo del exasperante secreto de su personalidad.