Emily triunfa
Emily triunfa Era todo lo que podÃa decir. No habÃa excusas, no habÃa defensa. No existÃan. Pero era espantoso ver desaparecer asà toda la felicidad del rostro de una persona.
Siguió un breve silencio, un silencio que pareció una eternidad con esa pena insoportable del mar que palpitaba atravesándolo todo. Entonces, con mucha calma, Dean dijo:
—Yo sabÃa que no me amabas. Pero estabas… contenta con la idea de casarte conmigo… antes. ¿Por qué ahora es imposible?
TenÃa derecho a saberlo. Emily procedió a contar su increÃble historia a trompicones.
—¿Te das cuenta? —preguntó para terminar, sintiéndose muy desgraciada—. Puedo llamarlo asà a través del espacio, le pertenezco. Él no me ama, nunca me amará, pero yo le pertenezco… Ay, Dean, no me mires asÃ. TenÃa que decÃrtelo pero, si tú quieres, me casaré contigo. Lo que sà sé es que, si yo lo sabÃa, tú también tenÃas que saber toda la verdad.
—Ah, una Murray de la Luna Nueva siempre cumple con su palabra. —La cara de Dean se contorsionó, patéticamente—. Te casarás conmigo si yo quiero. Pero yo no quiero… ahora. Me doy cuenta, tanto como tú, de que es imposible. No voy a casarme con una mujer cuyo corazón pertenece a otro hombre.
—¿Podrás perdonarme algún dÃa, Dean?